Las Zonas Agroesteparias
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Con el término agroestepas, se definen aquellas zonas que, en virtud de los usos agrarios tradicionales, se han convertido en ecosistemas similares a las grandes estepas del este de Europa, albergando especies asociadas a los mismos y a dichas actividades agrarias. Así por ejemplo, especies emblemáticas de las estepas, como las avutardas, se encuentran distribuidas por el centro-este del continente Europeo, ocupando las grandes estepas cerealistas y de pastos de Polonia, Ucrania o Rusia, pero también en Europa occidental, especialmente en la Península Ibérica, donde los cultivos y pastos de secano tradicionales reproducen esas estepas.
Una de las características de estas zonas agrarias que resulta más beneficiosa para la biodiversidad es el sistema de rotación de usos de la tierra. Normalmente son tierras en zonas con condiciones muy duras, por lo que de forma tradicional se solían dividir en cuartos o tercios, cultivando uno de ellos, dejando los otros en descanso, uno en barbecho y el resto como posíos o pastos para ganado. Esto crea un mosaico de campos en diferentes estados de gestión agropecuaria, con mucha diversidad de recursos. Además, normalmente se empleaban cereales de la zona más acostumbrados al clima seco y que no necesitaban productos químicos y el ganado predominante era la oveja, que normalmente mejora los pastos si no se abusa de su número, ya que come sin arrancar las raíces de las plantas anuales que los componen, favoreciendo su diversidad. Tal es así, que estas zonas albergan las mayores extensiones de uno de los hábitats de interés europeo: el denominado 6220 “Zonas subestépicas con gramíneas y plantas anuales del género Thero-braquipodietea”, es decir, los pastos permanentes mediterráneos.
Sin embargo, en los últimos 20 años las distintas directrices de la Política Agraria Comunitaria en cada periodo, han cambiado muchas de estas condiciones. En particular, se ha producido un aumento espectacular en la cabaña ganadera en muchas zonas, con la presencia casi uniforme del ganado vacuno, que ha desplazado al ovino. Las vacas parecen ser más rentables a corto plazo, pero afectan sensiblemente a la calidad de los pastos, ya que comen arrancando las raíces de muchas plantas, lo que está haciendo desaparecer una parte de la variedad de especies del pastizal. También consumen mucha más comida que las ovejas, con lo que los pastizales de las fincas son insuficientes, incluso si se deja de rotar cultivos y se eliminan los barbechos, dejando toda la superficie al ganado o a cultivos forrajeros. Así, esta creciente cabaña ganadera de vacuno está disparando la demanda de cultivos forrajeros, que se suelen cosechar en primavera, lo que está produciendo una elevada destrucción de nidos instalados en ellos.
Se ha disparado también el uso de productos químicos, buscando una mayor producción y rentabilidad en pastos y cultivos, lo que en muchas ocasiones está suponiendo un empleo excesivo de pesticidas, fertilizantes o semillas blindadas, con efectos negativos tanto sobre las poblaciones de insectos, como sobre las de aves. En muchos casos este empleo de productos químicos es totalmente innecesario y se vería notablemente reducido con una optimización de su uso en base a las necesidades reales o con la instauración de cultivos más adaptados a las zonas, usando variedades tradicionales.
Las agroestepas de la Península Ibérica, contienen los espacios de Naturaleza 2000 para la protección de las mayores poblaciones europeas de aves esteparias como el sisón común (Tetrax tetrax), avutarda euroasiática (Otis tarda) o el aguilucho cenizo (Circus pygargus) y también las mayores extensiones del hábitat de interés comunitario 6220 “Zonas subestépicas con gramíneas y plantas anuales del género Thero-braquipodietea”.
Estas especies y hábitats serán los objetivos del proyecto, en particular el sisón común, consideradas como la especie clave para la conservación de todas las demás, son indicadores muy fiables de la biodiversidad ligada a las agroestepas ibéricas que se encuentra en un severo período de declive. De acuerdo a los censos nacionales en España, la avutarda presenta una tendencia negativa superior al 30% (período 2005-2019), Sisón común del 47,6% (período 2005-2016) y Aguilucho cenizo del 23 % (período 2006-2017). En la Comunidad Autónoma de Extremadura estos descensos son incluso peores que los nacionales promedio (47% Sisón común, 64% Sisón común y 41% Aguilucho cenizo). Disminuciones similares han registrado en Portugal: una reducción del 49% de la población de sisones comunes entre 2003-06 y 2016 y aguilucho cenizo estimando una pérdida de población del 80%.
Además, una parte fundamental de estos ecosistemas, los invertebrados, también parecen sufrir tendencias Campaña de control de la langosta mediterránea (Dociostaurus maroccanus) realizada por la Junta de Extremadura, indican que esta densidad de ortópteros no ha dejado de disminuir en los últimos 10 años en muchas áreas de la región, un indicador muy confiable de las tendencias negativas de la población en muchas otras invertebrados Esto es muy importante, por su relación con la alimentación de la especie objetivo y su éxito reproductivo.
Amplios análisis indican que estas tendencias negativas se deben a la progresiva intensificación de prácticas agrícolas y ganaderas. Así, los tratamientos con productos químicos (fertilizantes y pesticidas) y los cultivos forrajeros que se cosechan a mediados de la primavera han aumentado significativamente. Además, la reducción de las tierras en barbecho de larga duración y los límites con la vegetación natural, para lograr un mayor aprovechamiento y los pagos de la PAC tienen un impacto negativo que se acumula a todo lo demás para dejar un panorama muy preocupante.